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Pequeña Guardia Suiza Pontificia

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Durante la reciente visita del Papa León XIV a España, medio centenar de niños, en su mayor parte de Las Tablas, han continuado con una costumbre que nació en 1982, y cuya misión no era otra que “acompañar y hacerle sentir como en casa”. Se les conoce como la Pequeña Guardia Suiza Pontificia y hemos entrevistado a su Director, Efrén Díaz Díaz, para conocer más de cerca esta historia.

– “La Pequeña Guardia Suiza Pontificia nació en 1982, con la primera visita de Juan Pablo II a España. Una madre tuvo la idea de uniformar a ocho niños de Guardias Suizos para recibir al Papa en el jardín de la Nunciatura Apostólica, con el objetivo de que se sintiera acogido como en su propia casa. Aquel gesto gustó tanto que desde entonces ha acompañado cada visita papal a España. Lo más bonito es que la iniciativa nació del cariño de una familia que quiso recibir al Papa de la manera más casera posible: poniéndole una pequeña guardia de niños a la puerta de casa”.

– ¿Esperabais que aquella iniciativa durara más de cuarenta años?

– “Sinceramente, no. Nadie pensó en 1982 que se convertiría en una tradición. Impresiona ver el calado en las personas y familias. Un sinfín de anécdotas e historias se acumulan en el recuerdo, y todas tienen la nota común del cambio personal y de la cercanía que ha supuesto la presencia del Santo Padre. Cada Papa que ha venido se ha encontrado con su pequeña guardia, y cada generación de niños se la ha ido pasando a la siguiente. Lo que empezó siendo una anécdota se ha convertido en herencia. Y una herencia, cuando se cuida, dura”.

– ¿Cuántos niños han pasado por ella?

– “En las cinco ediciones, cerca de ciento cincuenta niños: ocho con Juan Pablo II en 1982, diez en 1993, veinte en 2003, cincuenta y ocho en la JMJ de 2011 con Benedicto XVI y cincuenta y dos este año con León XIV. Detrás de cada uno hay una familia, de modo que el número real de personas es mayor”.

SELECCIÓN

– ¿Cómo se les selecciona? ¿Eran todos de Las Tablas?

– “Había más de ochenta solicitudes, de entre diez y trece años. Seleccionamos 52. Buscábamos niños con ganas y compromiso, pero sobre todo con familias dispuestas a implicarse. También el compromiso de la Asociación Codec de Madrid, que desde siempre lo ha venido organizando y apoya con formación y actividades para las familias de Las Tablas y zona norte de Madrid, ha hecho posible convertir una idea ilusionante en una realidad tangible. El núcleo de la iniciativa está vinculado a Las Tablas, pero la pequeña guardia reúne a niños de distintos puntos de Madrid. Eso sí, el barrio ha sido siempre un punto de apoyo importante”.

– ¿Qué requisitos pedíais a las familias?

– “Compromiso. Los niños asisten a sesiones de formación y las familias se implican en los traslados, ensayos, disponibilidad o confección de los uniformes. A todo ello se suma el rigor de la seguridad para la coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. No es un disfraz que uno se pone un día; es un compromiso de meses que ha culminado en dos días inolvidables”.

MESES DE TRABAJO

– ¿Hábleme de esos meses previos?

– “Cinco meses de preparación con formación personal los viernes y en equipo los sábados. Han recibido formación en protocolo pontificio, civil y militar; una sesión de comunicación y portavocía ante los medios; encuentro con antiguos Pequeños Guardias Suizos; coordinación con la Policía Nacional; protocolo con ayuda de la Agrupación de Infantería de Marina de Madrid; y hasta una excursión de montaña en la Morcuera, donde el compañerismo y la deportividad forjan el espíritu de equipo. Y todo en torno a cuatro verbos que resumen nuestra misión: rezar, acompañar, acoger y servir”.

– ¿Mucho trabajo detrás de unos minutos de presencia ante el Papa?

– “Muchísimo e invisible. Detrás de unos minutos hay meses de sesiones, miles de horas de costura y de oración, decenas de tutores y voluntarios, y la colaboración de instituciones públicas y privadas. Pero esa desproporción, tanto trabajo para tan poquito tiempo, es justamente la prueba de que se hace por amor”.

– ¿Uno de los pilares ha sido los uniformes?

– “Para mí, el corazón escondido de la iniciativa. Detrás de cada uniforme hay un ejército invisible de más de veinte costureras voluntarias, con meses de trabajo callado y minucioso, entre telas azules, amarillas y rojas, patrones, pruebas y arreglos repetidos. Mi agradecimiento a todas ellas. Ese cariño con el que los han confeccionado es lo que da alma a esta obra”.

LEÓN XIV

– ¿Qué tenía esta visita de León XIV que la hacía especial?

– “Tres cosas: hacía quince años que no venía un Papa; la propia figura de León XIV y la expectación que ha generado su primer viaje a España; y, la más nuestra, muchos niños de esta edición no habían nacido en 2011. Para ellos era la primera vez. Volver a formar la guardia después de quince años fue como reabrir una casa que lleva mucho tiempo esperando una visita”.

– ¿El momento más emocionante para los niños?

– “Ver muy cerquita al Papa. El 6 de junio recibimos a León XIV en el Cuartel General del Estado Mayor de la Defensa. Cuando les bendijo desde el papamóvil, se les iluminó la cara de una manera que no se puede explicar. Impresionaba su formación alineada, cómo se colocaron y mantuvieron la posición el tiempo preciso hasta que el Santo Padre también les saludó con un entrañable gesto militar. Verles perfectamente uniformados, escucharles nerviosos y mirarles en posición de firme, con sus menos de 13 años, conmovía hasta el extremo que varios de los militares les aplaudieron efusivamente. Llevaban meses imaginando ese momento y, de repente, lo estaban viviendo de verdad”.

– ¿Y para vosotros como organizadores?

– “Hay un instante en que dejas de organizar y simplemente miras como esos niños miran al Papa, y te das cuenta de que ese recuerdo les va a acompañar toda la vida. Ahí fue cuando dije, ha merecido la pena, y me acordé de las costureras, familias, antiguos Guardias Suizos y la superación de tantas dificultades”.

– ¿Volvieron el día 7?

– “Sí, a la Nunciatura Apostólica. Los verdaderos Guardias Suizos, al verles formados se acercaron y nos preguntaron por la iniciativa y los uniformes. Al poco volvieron a salir y repartieron un recordatorio de León XIV: «De parte de su Santidad, para los Pequeños Guardias Suizos y con su bendición para ellos y sus familias. Gracias por acompañarle de una manera tan cercana y cariñosa». Un gesto sencillo, pero de esos que dejan una huella imborrable”.

GENERACIONES

– ¿Participó en las anteriores ediciones?

– “Organicé las de 2003 y 2011. Esta última tiene un valor muy especial, porque fue cuando la iniciativa recibió su nombre definitivo. Antes eran la “Joven Guardia Suiza”. Benedicto XVI al verlos formados en el aeropuerto de Barajas, les dijo en broma a sus guardias: “¡Habéis empequeñecido!”. Él los rebautizó como “Pequeña Guardia Suiza”, y que un Santo Padre te ponga el nombre no le ocurre a cualquiera. Mantener vivo ese legado es un gran honor”.

– ¿Alguna anécdota de esos años?

– “Hay dos de 2011 que resumen nuestro espíritu. El niño que despertó a sus padres varias madrugadas angustiado, porque se había acostado sin rezar por el Papa; y la de otro chaval que al encontrarse en Roma con un Guardia Suizo de verdad, le preguntó inocentemente “¿Qué puedo hacer para cuidar y querer al Papa como vosotros?” Cuando un niño dice algo así, sabes que la iniciativa ha cumplido su objetivo, que no es vestir bien, sino querer bien”.

– ¿Hay antiguos miembros cuyos hijos participen hoy?

– “La tradición tiene ya edad para pasar de padres a hijos, y eso nos emociona. Ver a un abuelo, padre de un Pequeño Guardia Suizo de 2003, traer a su nieto en 2026 y ayudarnos de manera impagable en tantas gestiones, es algo que quizá la cabeza no entiende, pero sí el corazón”.

– ¿Qué significa hacer que el Papa “se sienta como en casa”?

– “Todo. Significa que un grupo de niños madrileños es capaz de decirle, sin palabras, “aquí también te queremos y eres de los nuestros”. Significa poner en su puerta la guardia más humilde y más sincera que existe: la de la ilusión y la inocencia. Si el Santo Padre, en medio de un viaje, sintió aunque fuera un instante el calor de un hogar, entonces la Pequeña Guardia Suiza sigue cumpliendo su única misión”.

EN PRIMERA PERSONA

Dos “pequeños guardias” nos cuentan como lo vivieron en primera persona.

– “Ha sido una experiencia increíble. Pasamos mucho calor, pero estar tan cerca del Papa y que nos saludara ha merecido la pena. Otra cosa que me ha gustado es vivir esta experiencia con los compañeros de mi colegio”, nos dice Álvaro de 11 años

– “Me ha hecho sentir feliz y orgulloso. ¡Ha sido algo histórico! Después de muchos días de nervios, pudimos estar al lado del papamóvil, y, mientras formamos, el Papa nos saludó. Al día siguiente, no pudo pararse, pero bajó la ventanilla del coche. Ese día conocimos a la Guardia Suiza de verdad, y policía y obispos se pararon a hablar con nosotros. ¡Hasta salimos en las noticias! Doy las gracias a todos los que lo hicieron posible. Y acabo con una frase: aunque te den poco, agradécelo todo, porque aunque sea poco es bueno”, concluye Javier de 12 años.