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Miriam Muiña

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Vecina de Montecarmelo desde hace 20 años, “que se dice pronto”, Miriam Muiña acaba de recibir el primer premio en la cuarta edición de los Premios Emprendimiento Joven-Carné Joven de la Comunidad de Madrid, en la categoría Compromiso Social y Medioambiental. Y todo gracias a “Eres lo que (no) comes”, con sede en el barrio y de la que es fundadora, una iniciativa que combina nutrición, descanso, motivación y psicología para acompañar a las personas en las distintas etapas de su vida mediante un enfoque personalizado.

– ¿Qué supone este reconocimiento para ti y para la iniciativa “Eres lo que (no) comes”?

– “Supone una validación externa muy relevante en una fase en la que estamos consolidando nuestro modelo dentro del sector de la Nutrición. Cuando emprendes en un sector como el de la Nutrición, donde hay tanto ruido y tantas soluciones rápidas, apostar por un enfoque más profundo y sostenible implica ir muchas veces contracorriente”.

RECONOMIENTO

– ¿Confirma que ese camino que escogiste hace años tenía sentido?

– “Sí, pero no solo a nivel de impacto en pacientes, sino también desde el punto de vista del ecosistema emprendedor. A nivel de equipo, es un impulso muy importante que refuerza la cultura de trabajo que hemos construido y nos da energía para seguir creciendo. He impulsado, junto a mi equipo, un método que combina nutrición, psicología, descanso y ciclo menstrual. Nos alejamos de los modelos tradicionales centrados únicamente en la dieta. Estamos especializadas en nutrición deportiva, salud hormonal-menopausia, y patologías intestinales”.

– ¿En qué consiste realmente el premio?

– “Es un reconocimiento a proyectos de gente joven de menos de 30 años, que combinan innovación, impacto y compromiso social, con potencial de crecimiento dentro de la Comunidad de Madrid. En nuestro caso, pone en valor no solo el servicio que ofrecemos, sino el modelo en sí: un sistema que busca ser replicable y escalable sin perder el foco en la persona. También implica entrar en un entorno donde conectas con otros emprendedores, instituciones y agentes clave, lo cual es fundamental en esta etapa”.

– ¿Este tipo de premios ayudan a impulsar proyectos como el tuyo?

– “Sí, especialmente en fases de crecimiento y lo realmente valioso es la visibilidad y la credibilidad que aportan. En sectores como el nuestro, donde el cliente-paciente necesita confiar mucho antes de dar el paso, este tipo de validaciones ayudan a reducir esa barrera. Además, facilitan el acceso a oportunidades: colaboraciones, alianzas estratégicas e incluso conversaciones que de otra manera serían más difíciles de generar”.

– ¿Cómo viviste el día de la entrega?

– “Fue un momento muy emocional, pero también muy consciente. Cuando estás en el día a día del proyecto, es difícil parar a ver todo lo que se ha construido. Ese momento te obliga a hacerlo. Sentí mucho orgullo y agradecimiento, pero también mucha responsabilidad. Porque al final, este tipo de reconocimientos no son un punto final, sino una expectativa sobre lo que puedes llegar a hacer”.

– ¿Cómo va a influir en vuestros próximos pasos?

– “Nos permite acelerar ciertas decisiones estratégicas. Estamos trabajando en estructurar aún más el método, digitalizar parte del proceso y poder escalar el impacto sin depender exclusivamente del formato presencial. El objetivo es claro: pasar de un modelo basado en atención directa a un sistema que pueda llegar a muchas más personas manteniendo la calidad”.

ERES LO QUE (NO) COMES

– ¿Cómo nace el proyecto?

– “Nace desde la observación y experiencia directa. Durante años vi cómo muchas personas intentaban mejorar su alimentación, pero no conseguían mantener los resultados en el tiempo. Ahí entendí que el problema no era la falta de información, sino la falta de un sistema que tuviera en cuenta el contexto real de la persona: su estilo de vida, su motivación, sus hábitos, su entorno y su relación emocional con la comida”.

– ¿Qué carencia viste entonces en el ámbito de la nutrición y qué ha cambiado estos años?

– “Una visión muy simplificada de la nutrición. Se centraba todo en qué comer, pero no en por qué comemos como comemos. Había una desconexión clara entre el conocimiento teórico y la aplicación práctica. Y ahí es donde la persona pierde la adherencia, que es lo realmente importante. Ahora hay más información que nunca, y más con la Inteligencia Artificial, pero eso no siempre se traduce en mejores decisiones. De hecho, en muchos casos genera más confusión. Creo que el cambio real está empezando ahora, con modelos que integran comportamiento, salud mental y estilo de vida. Pero todavía queda mucho camino”.

– Integráis nutrición, psicología y descanso, ¿por qué este enfoque conjunto?

– “Porque es imposible separar una cosa de la otra. Una persona puede saber perfectamente qué comer, pero si duerme mal o gestiona mal el estrés, no va a sostener ese cambio.  Nuestro enfoque parte de ahí: no trabajamos solo con alimentación, trabajamos con personas. Y eso implica entender todos los factores que influyen en su comportamiento”.

NUTRICIÓN

– ¿Debería enseñarse Nutrición en el colegio?

– “Absolutamente. La nutrición debería formar parte de la educación básica. No solo por salud, sino por autonomía. Entender cómo funciona tu cuerpo y cómo impactan tus decisiones en él debería ser algo básico desde edades tempranas. Si se tuviera más conocimiento se podría prevenir la obesidad y muchas otras patologías, que hoy en día tienen una relación directa con el estilo de vida. La prevención pasa por educación, pero también por cambiar el entorno. No es sólo enseñar, es facilitar que las decisiones saludables sean las más accesibles”.

– ¿Tres alimentos que debemos guardar bajo llave y no sacarlos nunca?

– “No me gusta hablar en términos de prohibición, porque genera más problema que solución. Pero sí tuviese que elegir, serían los refrescos y zumos de frutas, las salchichas ultra procesadas y los fritos congelados. No por demonizarlos, sino porque su consumo habitual desplaza opciones mucho más nutritivas”.

– ¿Y cuáles deberíamos comer siempre?

– “Alimentos reales, con densidad y matriz nutricional: coloridas verduras y frutas, proteínas de calidad como mariscos, pescados azules, huevos camperos, y carnes magras, y grasas sanas como frutos secos, AOVE, aguacates. Pero más allá del alimento en sí, lo importante es el patrón equilibrado semanal y global”.

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– Recientemente se recomendaba dar la vuelta a la pirámide nutricional. ¿Qué opinas de ello?

– “Lo importante no es invertirla sino actualizar el mensaje. El contexto actual no es el mismo que hace décadas. Hoy el reto no es el acceso a la comida, sino elegir bien dentro de un entorno saturado de opciones poco saludables. Cualquier cambio dirigido a comunicar mejor los alimentos prioritarios dentro una nutrición saludable será bienvenido”.

PROGRAMA

– ¿Qué cambios observáis en los pacientes que siguen vuestro programa?

– “Los cambios van mucho más allá del peso, problemas intestinales o de la “facilidad” que da la edad. Vemos mejoras en energía, descanso, claridad mental y, sobre todo, mejoras considerables en la relación con la comida. Cuando una persona deja de vivir en el ciclo de dieta-restricción-frustración, el cambio es profundo”.

– ¿Qué ha sido lo más complejo para consolidar este modelo?

– “Cambiar la mentalidad del cliente. Venimos de una cultura de resultados rápidos, y nuestro enfoque requiere proceso y consciencia. El reto también reside en comunicar todo lo que hacemos y hacer entender a la persona que va a recibir un apoyo integral. Educar en eso ha sido uno de los mayores retos”.

– El proyecto tiene una fuerte implantación local, ¿qué papel juega Montecarmelo en su desarrollo?

– “Ha sido un entorno clave para validar el modelo, al cual le tenemos mucho cariño. Es una comunidad muy orientada al bienestar, lo que ha facilitado la adopción inicial, además de contar con un entorno ambiental único y de facilidades para acudir a nuestra consulta”.

– También incorporáis un componente de sostenibilidad, ¿cómo se aplica en la práctica diaria?

– “Priorizar el producto local y de cercanía, aprender a leer etiquetado, educar en consumo responsable y realizar pautas nutricionales encaminadas en reducir la huella ambiental. La sostenibilidad es una suma de hábitos. Cuando tienes un método claro, puedes sistematizar sin perder calidad. Ese es el equilibrio: estandarizar lo suficiente para escalar, pero mantener la personalización donde aporta valor”.

– ¿Qué objetivo a medio plazo te gustaría alcanzar con esta iniciativa?

Convertir el método en un referente dentro del sector y poder escalarlo a nivel nacional, manteniendo el foco en impacto real. Queremos apoyar a muchas más personas para que alcancen su mejor versión.