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Zitus Madrid, número 197

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Decididamente el tiempo vuela. Hace nada estábamos intentando paliar las olas de calor que hemos tenido este verano, y ahora intentando salir a flote, nunca mejor dicho, de tanta agua. Creo que ya lo he dicho más de una vez, lo mismo ya peco hasta de repetitiva, pero cada vez entiendo más a los que un buen día dan carpetazo a su vida en la gran ciudad y deciden irse a vivir a un pueblo. Ahí, con esa calma que te da el mundo rural, ver llover se hace de otra manera, hasta se disfruta diría yo.

Confieso que cada vez que llueve me hago la misma pregunta: ¿Nadie se da cuenta que siempre se inundan los mismos sitios de Sanchinarro, Las Tablas y Montecarmelo? Si cada vez que llueve una misma esquina de una calle se inunda, generando auténticas piscinas de agua, es que algo falla y no hace falta ser un experto para saberlo.

La calle Portomarín de Las Tablas es un claro ejemplo de ello. Balsas de agua que cubren la mitad de las ruedas de un vehículo, -no hace falta describir qué pasaría si te pilla andando por la acera y pasa un coche-, o riadas de agua, barro y piedras que bajan por el carril bici como si del río Ebro se tratara, por no describir en qué situación queda toda la calle y carril bici cuando terminan las lluvias.

Y no, no sólo pasa cuando vienen fuertes tormentas, también cuando llueve de manera normal. Y no, no sólo pasa en esta calle, pasa en varias calles de estos tres barrios o en la propia salida y entrada a la M-40. Y así año tras año.

Cuando el área a la que corresponda tiene que mandar a los operarios a solucionar siempre el mismo problema, quiero pensar que alguien se planteará el por qué siempre en el mismo sitio e intentará buscar una solución, bien con alcantarillado nuevo o vaya usted a saber, yo no he estudiado esa rama. Pero siempre con el objetivo de que no vuelva a pasar. Mientras tanto sólo nos queda el derecho al pataleo a través de las denuncias en el canal pertinente e intentar no pasar por esas piscinas, no vaya a ser encima que se te estropee el coche.

Revista cargada de todo, o casi todo, lo que ha acontecido en estos barrios del norte de Madrid, donde destaca la lucha sin cuartel que están llevando a cabo los vecinos de Montecarmelo desde el pasado mes de septiembre. Una lucha que tiene como objetivo conseguir que el Ayuntamiento de Madrid reubique el “megacantón”, -cantón, centro auxiliar y base del Selur-, y lo aleje de cualquier zona residencial, sea del barrio que sea. Tienen muy claro que no van a parar hasta conseguir su objetivo, ya se manifestaron multitudinariamente hace semanas y ahora en noviembre vuelven hacerlo. Tenéis todos los detalles dentro.

No quisiera terminar este editorial sin enviarle un fuerte abrazo al Padre Chema y desearle toda la suerte del mundo en su nueva andadura en Logroño.