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Zitus Madrid, número 187

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Al tiempo no hay quien lo entienda. Aquí pasamos de 42 grados a 16 en dos días, del vestido de tirantes a la cazadora vaquera… Y lo hacemos sin rechistar porque, después de lo vivido en los dos últimos años,  en el fondo pensamos “¡ojalá todos los problemas sean esos!”.

Me encanta el verano, reconozco que para mí es la mejor época del año. Y en parte lo es porque me recuerda a esa época de la infancia en la que los veranos eran de tres meses, que se hacían larguísimos, y en los que cada plan era una aventura fantástica. Y no nos hacían falta muchas cosas, la verdad. El simple hecho de reunirme con todos mis primos entorno a la figura de mis abuelos, en un pueblecito de Álava; volver a mi Bilbao natal; esos bocatas de cena en el jardín con mis vecinos en Madrid y esos “polis y cacos nocturno” eternos, ya eran el mejor de los premios

Hay quien dice que antes, -parezco la abuela cebolleta contando batallitas-, éramos más simples. Yo no sé si la palabra correcta es simples, pero el caso es que no necesitábamos mucho para pasarlo bien. Yo me pregunto si el día de mañana mis hijos recordarán los veranos con el mismo cariño con el que yo lo hago.

Desde luego yo pongo todo mi empeño en que así sea y que comience como siempre se ha comenzado en mi casa: con la recogida de notas.

Una madre me preguntaba por qué iba con ellos ese día y la verdad es que nunca me he planteado que no fueran. En mi familia siempre ha sido un día de fiesta, aunque unos volvieran más contentos que otros. Era algo más que ir a por las notas, era dar las gracias a los profesores por el curso, despedirte de ellos, tanto de los que han estado en primera fila como de aquellos que no se ven. Era salir del colegio y decir: ¡vacaciones! 

Vacaciones para ellos, claro está. ¡Qué complicado compaginar trabajo con hijos! Muchas facilidades para fomentar la natalidad pero en casos como estos, y siendo autónoma peor todavía, aún cojeamos.

Por lo demás nada nuevo bajo el sol. Los barrios igual de secos que todos los veranos, las sombras siguen brillando por su ausencia, hay que ser muy valiente para llevar a los niños a cualquier parque… ¡Luego dirán que no se sale de las urbanizaciones!

¡Feliz verano y felices vacaciones vecinos! Disfrutar mucho y sobre todo descansar. Cuidadito con el coche que como ya sabéis, en septiembre paso lista.

Y no, no me olvido. Un abrazo muy especial para ti, Sibi. Ánimo