Con el curso escolar ya encauzado y con ese veranillo de San Miguel, por lo menos cuando escribo este editorial, -que te invita más a hacer las maletas y salir corriendo hacia la costa-, los “barrios Zitus” ya han recuperado la vidilla que en cierta manera pierden durante la época veraniega. Vuelven los atascos, signo de que aumenta la presencialidad en las oficinas que nos rodean, dejando en evidencia que cada año se produzcan los mismos embotellamientos en hora punta. Si a eso le sumamos los nuevos y provisionales carriles bus, que no todo el mundo respeta por cierto, ya el caos es total. Y más aún si coincide con entradas o salidas escolares.

Sigo sin entender, por mucho que luego lleguen y con una sonrisa te pidan perdón, como hay gente que deja su coche en doble fila y se va “tan pichi” a recoger a sus hijos. Empatía, decía mi padre. Ponte en el lugar del otro que lo mismo tiene que acudir a una consulta médica, por poner un ejemplo, y no tiene por qué estar veinte minutos esperando a que usted vuelva. Sé que es una batalla perdida, pero por lo menos tengo mi derecho al “pataleo”.

Espero que no sea igual de perdida, luchar por mejorar el estado de nuestros barrios. De un tiempo a ahora, la sensación que tengo al pasear por ellos es de desolación, pena y asco en algunos casos. Siempre he dicho, y aquí lo he plasmado en más de una ocasión, que aquí hay dos culpables: las administraciones y nosotros como vecinos.

El abandono que sufren los parques en cuanto a riego y cuidados es más que patente, y aquí el único responsable es la administración. Tanto es así que varios vecinos de Las Tablas llevan desde el pasado mes de agosto, regándolos con garrafas o botellas con la intención de salvar alguno de los árboles plantados hace un año. Desde aquí busco, por si lo leyera, a un vecino que junto a su perro (blanco con manchas) cuida con mimo los arbolitos del parque de la calle Portomarín, prácticamente a diario. ¡No dejes de escribirme!

En cuanto a la suciedad, está claro que si las administraciones no limpian las calles, no se vacían los contenedores con asiduidad o no arreglan los desperfectos que se producen, muchos por el uso diario pero otros tantos por los vandalismos de algunos de los vecinos, mal vamos. Pero lo fácil es echar siempre la culpa al otro y no mirarnos nuestro propio ombligo. Es habitual los botellones los fines de semana en los parques, algo que está prohibido, y ver el estado lamentable en el que se quedan llenos de botellas, bolsas, latas y un largo etcétera, siendo el responsable el que arroja y no recoge. La responsabilidad de recoger las necesidades de un perro, es del dueño; la responsabilidad de contribuir al reciclaje metiendo los cartones dentro del contenedor, -que no siempre están llenos-, es del que baja a reciclar; la responsabilidad de no usar las papeleras como contenedores si haces una obra menor, es del que ahí deposita el sobrante Y así podría seguir hasta mañana.

También mi padre decía, que no es más limpio el que mejor limpia sino el que menos ensucia. Comencemos desde casa haciendo lo propio. Dando ejemplo podremos reclamar a las administraciones con la cabeza bien alta.