Con reticencias, expectación y dudas comienza el que será un curso “especial”. El pasado 25 de agosto la presidenta Díaz Ayuso anunciaba que la Comunidad de Madrid empezaría el año académico enmarcado dentro del escenario II, aunque con algunas modificaciones, originadas por el creciente aumento de contagios por COVID-19. Entre ellos, la vuelta de manera escalonada y la obligación de usar mascarilla obligatoria desde los 6 años.

La CAM contratará casi 11.000 profesores, hará test COVID-19 a los docentes y un estudio serológico a alumnos y colectivos de riesgo. En principio, las clases serán presenciales en Educación Infantil, Primaria, Especial, 1º y 2º de ESO, con grupos máximos de 20 alumnos o respetando la distancia de 1,5 metros. Por su parte los alumnos de 3º y 4º de ESO, Bachillerato, FP y Educación de adultos comenzarán de manera semipresencial, garantizando que entre un tercio y la mitad del horario semanal sea en el propio centro-.

El curso comenzó el pasado 4 de septiembre para 0-3 años; el 8 para Educación Especial, Infantil (3-6 años) y 1º, 2º y 3º de Primaria; el 9 para 3º y 4º de la ESO y Bachillerato; el 14 para Educación para Adultos: el 17 para 4º, 5º y 6º de Primaria; el 18 para 1º y 2º de la ESO, FP Básica y Grado Medio; y el 28 para FP Superior.

Sobre algunas de las medidas impuestas a los centros escolares destacan la posibilidad de optar por la jornada continua, el mantenimiento del comedor, posibilitando que los niños se lleven la comida a casa, la reorganización de espacios para habilitar más aulas y acondicionar, si fuera necesario, módulos prefabricados o alternativos en edificios de titularidad autonómica o local, así como incrementar los procesos de limpieza, entre otras.

El Gobierno regional crea la figura del coordinador COVID en cada centro y acometerá obras urgentes de adaptación en más de 500 colegios públicos e institutos. Las partidas presupuestarias dedicadas a sustentar todas las anteriores medidas de la estrategia durante el primer trimestre del curso 2020/21 y los mayores gastos del COVID-19 ascienden en total a 370 millones de euros.

Pese a ello, son muchas las familias y docentes que muestran sus reticencias al respecto. Así nos lo manifiesta una educadora infantil de 3 años, que prefiere mantenerse en el anonimato, que ve “inviable poder dar clases a niños tan pequeños sin que puedan usar juguetes, compartir material o mantener las distancias. Además, mis alumnos no llevarán mascarilla y parece que se les olvida que los maestros también tenemos familias y personas mayores”.

A Ángel por su parte le preocupa quién garantiza a las familias que se van a cumplir todas las medidas dentro del colegio. “Confío en el colegio, pero ¿quién me dice a mí que la mascarilla del compañero es homologada y protege a mi hija? No sé, ahora mismo lo veo todo muy negro aún siendo consciente de la importancia de que los niños vayan al colegio de manera presencial”.

En el plan del Gobierno regional, que ha sido elaborado conjuntamente por las consejerías de Sanidad y Educación y Juventud, se contempla además facilitar geles hidroalchólicos y termómetros rápidos a todos los centros educativos para que puedan tomar la temperatura de sus alumnos, así como mascarillas.

(Información actualizada el 1 de septiembre)