Botellas, excrementos, cartones, mobiliario roto, papeleras llenas día sí día también, árboles secos… Seguramente, a muchos vecinos no les sorprenderá leer esto y en seguida lo identificarán con su barrio, con independencia de que sea Sanchinarro, Las Tablas o Montecarmelo. Cada vez es más triste ver cómo se encuentran las calles y rincones de cada uno de ellos. Así se pudo comprobar durante los meses de verano en el parque de la Ría de Sanchinarro, en las zonas “verdes” de Las Tablas o en las inmediaciones a la M40 junto a Montecarmelo, donde son los propios vecinos los que suelen organizar batidas para recoger basura.

Zitus Madrid sale a la calle para tomar el pulso de los vecinos sobre este tema.

SANCHINARRO

Antonio, vecino de Sanchinarro, nos confiesa que desgraciadamente, ya se ha acostumbrado a pasear por las calles del barrio y ver latas, botellas o excrementos a cada paso.

– “Es triste llegarse a acostumbrarse a esto, Pero ¿qué hago? Las quejas al ayuntamiento se suelen solucionar si es sobre algo grave, pero ante algunas cosas poco se puede hacer. Hace años si me encaraba cuando veía a un perro hacer sus necesidades y le decía al dueño que por favor las recogiera, pero al final se volvía en mi contra y todo eran malas formas. No me compensa. Por otro lado, muchas veces es puro incivismo. El otro día sin ir más lejos, parados en un semáforo del barrio, el coche que teníamos delante, lanzó a la mediana del carril ciclista una lata de refresco. Hombre, déjelo usted en el coche y luego lo tira”.

– “Pero no siempre es culpa del vecino”, apostilla Inés su mujer. “Hace ya muchos meses que en la zona infantil de enfrente de casa se rompió el columpio o alguien lo arrancó. Vale, mal hecho, pero pese a avisar a incidencias, ahí seguimos con las dos anillas colgadas pero sin columpio. Con el tobogán, que también se debió romper o lo rompieron, que yo no justifico nada, por lo menos pusieron una madera hsata que traigan uno nuevo, que dudo que lo hagan. El poco civismo de la gente no lo tenemos que pagar los demás. Da pena llevar a los niños a algunos de los parques y siempre con mil ojos no vaya a ser que pisen un cristal”.

LAS TABLAS

Susana, vecina de Las Tablas, ha perdido ya la cuenta de la de veces que ha escrito al ayuntamiento con sus quejas.

– “Llegamos a Las Tablas hace más de 10 años. Tengo tres hijos, dos pequeños, y tengo perro por lo que frecuento bastante las calles, parques, jardines…En estos 10 años han evolucionado muchas cosas, para bien, y otras siguen igual, desgraciadamente. Echo de menos  pasear en verano por las calles bajo las sombras de los árboles sin pasar calor; los que hay son de crecimiento lento, se secan por falta de riego o son arrancados recién plantados por vándalos. Noto una dejadez y abandono por parte de quien corresponda, tanto en el cuidado y mantenimiento como en la limpieza, que se repite cada año. Esto, sumado a la actitud poco cívica y despreocupada de muchos residentes (adolescentes que abandonan los restos de sus botellones, meriendas, cenas…, dueños que no recogen las deposiciones de sus perros, los que dejan restos de basura en cualquier sitio…) hacen que la zona parezca a veces un vertedero. Un vertedero que el resultado cada año es el mismo, la llegada de ratas a los parques para comer lo que ahí dejan, con el peligro que eso conlleva”.

MONTECARMELO

En Montecarmelo la cosa no mejora. Los continuos botellones que se celebran en las inmediaciones del cementerio comienzan a pasar factura a las mascotas de los vecinos, llegando incluso a cortarse algunos perros la patita con los cristales que ahí depositan.

– “La limpieza del barrio”, nos comenta Cesar, vecino de Montecarmelo, “es una labor de todos, ayuntamiento, ciudadanos y comercios. Pero tiene siempre un inicio: si las calles están limpias, al ciudadano normal le costará menos recoger  si se le cae algo.  Es difícil imaginar que algún vecino deje cajas de cartón alrededor de un contenedor si tiene aún capacidad. Por otro lado, los empresarios de las grandes áreas de ocio que tiene Montecarmelo, deberían preocuparse de que las aceras quedaran limpias como fuera posible después de usarlas. Si a toda esta situación le añadimos los habituales vendavales de viento de la zona, pues acarrea que, actualmente, la suciedad esté esparcida, casi por cada rincón por el que pases”.