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De puente a puente

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Muchos de ellos están ligados a la literatura, la pintura, el cine e, incluso, a la numismática, otros simplemente salvan ríos o acortan distancias. Este mes os proponemos recorrer Madrid de puente a puente a través de una curiosa plataforma online.

Accesible desde cualquier dispositivo, la plataforma madrid.puentes.app permite geolocalizar los puentes madrileños y, a través de fotos, planos y modelos, conocer su historia y la de la ciudad. Y todo gracias al convenio suscrito entre el Área de Obras y Equipamientos y la Fundación Miguel Aguiló para difundir la plataforma online que te permitirá descubrir esos elementos clave de ingeniería. Ni son todos los que están, ni están todos los que son, pero sí un buen ejemplo de ellos.

El río Manzanares, en su contorneo por la ciudad, nos muestra un buen número de puentes que han servido para que los madrileños puedan transitar de orilla a orilla. Comenzamos por el Puente de los Franceses, un puente ferroviario de 112 metros de longitud y 11 de altura máxima, construido en piedra y ladrillo durante la segunda mitad del siglo XIX para el paso del ferrocarril del Norte. Fue clave en el desarrollo de la Batalla de Madrid durante la Guerra Civil y ha protagonizado numerosas canciones, desde Serrat a Sabina, pasando por Vetusta Morla o Xoel López.

El Puente de la Reina Victoria fue construido entre 1908 y 1909 por José Eugenio Ribera y Julio Martínez-Zapata, en hormigón armado para sustituir al anterior conocido como uno de los “puentes verdes”, que debían su nombre al color de su madera. Este puente va asociado a las fiestas de la verbena de San Antonio, o el Entierro de la Sardina, y a películas como “La flaqueza del bolchevique” o en series como “Caronte”.

No muy lejos se encuentra el Puente del Rey, construido durante el reinado de Fernando VII, que sirvió para comunicar los jardines del Palacio Real con la Casa de Campo. Como otros muchos puentes de Madrid la historia lo une a la vida de las lavanderas que se acercaban al Manzanares. Al igual que el anterior, está ligado a fiestas como el Entierro de la Sardina o la Fiesta de la Trashumancia.

En ocho minutos llegamos al más antiguo de la ciudad, el Puente de Segovia (1574-1584) que Felipe II encargó a Gaspar de la Vega y, al morir éste, a Juan de Herrera.  Destruido prácticamente durante la Guerra Civil, no pudo volver a utilizarse hasta el final de la contienda, realizándose el paso a través de una pasarela de madera que estuvo en uso más allá de 1939.

Uno de los mejores exponentes del Barroco español, es el Puente de Toledo, de Pedro de Ribera, quizás el puente más literario. Destaca por sus más de 13 metros de altura, sus nueve ojos y sus dos hornacinas barrocas. Su imagen aparece en la cubierta de vidrieras del Patio de Cristales de la Casa de la Villa y su importancia radica, no solo en su estética y decoración, sino en su concepción de obra pública de utilidad y ornato en uno de los más importantes accesos a la Corte desde Toledo.

Y del barroco a la actualidad llegamos al Puente Monumental de Arganzuela, conocido como “la pasarela de Perrault” inaugurado hace una década e icono del Madrid moderno. Realizado en acero inoxidable consta de dos pasarelas: una de 150 metros de largo que salva el cauce del río, y otra, de 128 m, que cruza sobre el Parque de la Arganzuela para confluir ambas en una colina artificial, por la que acceden a Madrid Río peatones y ciclistas.

Más adelante se encuentran los Puentes Cáscara, dos pasarelas realizadas durante la reforma de Madrid Río, que se llaman Graciano y San Zacarías, aunque también se les conoce como del Invernadero y del Matadero.

Y para terminar el recorrido por el río, el puente de la Princesa de Asturias, cuya primera piedra la colocó la princesa de Asturias, primogénita de Alfonso XII en 1901. Aquella estructura fue sustituida por otras hasta la actual, un puente de vigas prefabricadas estrictamente funcional sin apenas valor estético, que ha aparecido en varias películas.

Texto: N. A. Fotos: Ayuntamiento de Madrid