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Amor por las matemáticas

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Andrea Navarro Ruiz se enamoró de las matemáticas leyendo un libro de Cálculo Integral en un viaje de tren. Graduada en Ingeniería Matemática en la Universidad Complutense ha llevado su pasión a diversos ámbitos: banca, enseñanza o investigación para el sector médico. A lo largo de su trayectoria profesional ha visto que, tanto en matemáticas como informática, las mujeres representan un grupo muy reducido.

Consciente de la pérdida del talento femenino, ha escrito “Elsa y el club de los números”, su primera novela, con la ilusión de inspirar a miles de niñas para que desarrollen su vocación y habilidades científicas. Una novela con la que ha ganado el Premio Hortensia Roig, impulsado por Plataforma editorial y EDEM, entre 219 novelas infantiles. 

– “No me lo esperaba. Era la primera vez que escribía algo, animada porque el propósito del premio iba muy en línea con mis valores. Estoy feliz de no haberlo dejado en el primer capítulo”.

– ¿De qué va el libro?

– “Elsa y el club de los números es la historia de un descubrimiento: el del amor por las matemáticas. Elsa es una adolescente corriente con un talento que aún no conoce. Un selecto grupo de estudiantes se interesa en ella y le abren las puertas a formar parte de su mundo de enigmas y secretos. En este camino descubrirá divertidas facetas de las matemáticas y para lo mucho que sirven. Aunque también pondrá su vida patas arriba”

– ¿A quién va dirigida?

– “Inicialmente a lectores de 8 a 10 años, aunque por los retos que plantea bien podría ser interesante hasta 12. Además, está maravillosamente ilustrada por Viv Campbell”

– ¿Tienen algo de usted Elsa u otros personajes?

– “Elsa y yo tenemos en común el pensamiento crítico, el alto sentido de la amistad y la creencia de que el conocimiento debe ser libre y accesible. Pero también hay algo que Elsa cree que se encuentra en cualquiera de nosotros: esa búsqueda de sentirse parte de algo, de conocer sus fortalezas y de realizarse. ¿Y qué hay de los demás? La energía de Delia, la inteligencia discreta de Iris o el carisma de Miguel… Son rasgos con los que he convivido muy de cerca o de personas que han pasado por mi vida dejando huella”.

– A Elsa la tientan para entrar en un club secreto, muy elitista. ¿Lo consigue?

– “Elsa, como cualquiera, se esfuerza mucho en conseguir lo que quiere y cuanto más esfuerzo y cariño le dedica, más cerca está de conseguirlo. Que lo consiga o no es lo de menos, lo importante es el viaje, el crecimiento a través del aprendizaje colaborativo tras cada enigma y de sus propios amigos”.

– ¿Cómo convencería a las chicas que le van a leer que las matemáticas no son un rollo?

– “Aprenderse una fórmula de memoria, es un rollo, sí, sobre todo si no entienden por qué es así o para que se aplica. Pero las matemáticas son mucho más que eso, detrás de cualquier ciencia, hay una matemática de base. No es una asignatura, son el lenguaje con el que se describe el mundo. A esos niños cansados de sacar el factor común o calcular el área de un polígono, les diría que indaguen, que pregunten para qué sirve, y si algo les parece interesante que tengan paciencia, porque las matemáticas se ponen emocionantes cuando los números desaparecen para dejar espacio a las letras”.

– ¿Se ha sentido discriminada en el ámbito científico-técnico por ser mujer?

– “No, sí que he sentido un poco de soledad, como en mi máster de sistemas inteligentes, una rama de la informática, donde fui la única estudiante femenina o ser la única chica en el equipo de un proyecto. Esto se nota especialmente en los sectores muy técnicos, pero también aquellos que son muy exigentes en cuanto a jornadas laborales extensas”.

– ¿Qué aconsejaría a los padres para que incentivaran estas vocaciones entre sus hijos?

– “Yo aconsejaría darles libertad de juego desde la infancia y que elijan su propia ruta. Parece obvio, pero no lo es, porque la mayoría de los juguetes STEM como puedan ser puzles de lógica o construcción van dirigidos a ellos. Un estudio señala que hay el triple de juegos de esta tipología en las secciones “de niños” que “de niñas” cuando los juguetes no deberían tener género. A veces puede valer con regalar un libro como este, con ver una peli, regalar un juguete científico o retar con acertijos a las niñas y darles valor. Hacerles sentir capaces, creer y que crean en ellos mismos, porque como ya se ha demostrado es una cuestión de autoconcepto”.