El marido de Celia, Axel, llegó a Las Tablas hace 15 años. Poco después lo haría ella que vio un barrio en obras por hacer, con mucha gente joven, muchos con niños, donde no se salía casi de las urbanizaciones y los taxistas “se perdían y no venían de buen grado”.

“Recuerdo que el primer negocio que abrió fue la panadería Caprichos, que la calle de moda era Tierra de Melide, donde hubo una tintorería estupenda, la tienda Good Night que sigue abierta y el Sauce de Curro, que vendió prensa y todo lo que se necesitaba de primera mano. También muchas farmacias. Vimos hacer prácticamente todos los edificios y las calles no tenían rótulos. En 2007 llegó el Metro y en su avenida se concentra ahora buenos comercios, como la tienda de Ángel, Almau Gourmet, que me ha servido impecablemente durante todo el confinamiento. Llevo haciéndome tratamientos con Nieves Arnaiz desde que abrió y rezando en la iglesia de Las Tablas desde que era un barracón”.

• Después de 15 años ahora os mudáis, ¿qué vas a echar de menos?
“Aquí ha estado mi casa desde hace casi 15 años, aquí traje mi vestido de novia recién comprado, aquí regresamos de la luna de miel, aquí han nacido mis dos hijas Elena y María, aquí empezó mi trabajo como profesora de Ele… Echaré de menos la vista desde mi casa, a los comerciantes que conozco, pasear e ir a los parques con mis niñas, subir la colina para disfrutar las vistas y, cómo no, echaré de menos recoger la revista Zitus que siempre nos ha mantenido informados y nos ha dado un sentido de pertenencia a todos los que aquí habitamos. Larga vida a Las Tablas”.