Hace cinco años llegó a España procedente de Perú y es uno de los conserjes de Ana de Austria 53 en Sanchinarro. Se llama Miguel Ángel Ruiz Anaya y durante el Estado de Alarma y el confinamiento ha sido el gran protagonista de la mencionada urbanización.

• ¿Cómo se le ocurrió salir todos los días a actuar a la zona común de la urbanización?
“Todo empezó un domingo a las 13 horas que se les brindó los aplausos a los niños. Me compre una peluca blanca y nariz roja, pusieron música y baile Hola don Pepito y La gallina turuleca. Me di cuenta que no solo a los niños les había gustado, a los padres también, y decidí hacerlo en mis turnos de noches. Coordine con una vecina, Natalia, para que ella pusiera la música y sacara a sus “parlantes” a la ventana”.

• ¿Cuénteme un poco cómo fueron esas actuaciones?
“Tenemos vecinos de distintas nacionalidades y edades, fui disfrazándome de distintas cosas según el baile de cada día: pasodoble español, rumbita, bailes típicos rumanos, de rapero y por supuesto de payaso varias veces. Fue increíble el efecto que causó, la gente silbando, cantando, aplaudiendo y bailando desde sus ventanas. Ver a los peques gritando mi nombre, la verdad, ha sido muy emocionante”.

• ¿También ha promovido otras actividades?
“En una de mis rondas por la comunidad vi todo muy solitario, entre a un ascensor y lo vi demasiado gris, triste y se me ocurrió llamar a los padres de los más de 50 niños que tenemos y les pedí si ellos podían dibujar algo con alguna frase alentadora y ponerlos en los ascensores de sus respectivos portales. Los niños felices e ilusionados aceptaron el reto. También les dimos unos diplomas de la Policía, gracias a Ramiro y Carmen quienes me lo facilitaron e imprimieron. Sus caras al recibirlos fue indescriptible”.

• ¿Qué es lo que más satisfacción le ha dado?
“Sobre todo en lo personal ver que cada noche salía más gente a aplaudir a las 20 horas. Un día dos niños Guillermo y Alba, antes de las 8 comenzaron a cambiarse de ropa, ella se puso unos zapatos como de sevillana y él una camisa (cosa que odia). Su madre Alicia les preguntó porqué se cambiaban y le contestaron queremos estar elegantes para ver bailar a Miguel Ángel. O las lagrimas de Mónica al cantarle el cumpleaños feliz, la cara de sorpresa de Jorge y Verónica B cuando anuncié que no se habían podido casar por la pandemia y los vecinos aplaudiendo con sus pañuelos blancos mientras ellos bailaban, brindis con champan incluido. O la felicidad de Nachito al repartir chuches por la comunidad después de cantar y bailar por su cumple Que mejor pago que esas anécdotas. Son muchas cosas con las que me he sentido satisfecho”.

• ¿Ha unido la figura del conserje a la de las familias durante el confinamiento?
“Creo que sí, pero no solo por mis bailes, también por el trabajo y ayuda de mis compañeros Agustín y Roberto en esos momentos tan difíciles para todos. Estoy seguro que estos días de confinamiento nos han unido más a empleados y vecinos, y entre vecinos también. Quiero dar las gracias a mi empresa que en ningún momento me puso pegas para poder bailar en horas de trabajo, a todos y cada uno de los vecinos que con su apoyo, aplausos y gritos de alguna fans me daban aliento para seguir haciéndolo. A Natalia y Lucas que eran los encargados de poner la música, sin ellos no lo hubiéramos conseguido. Hemos hecho un gran equipo”.