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Arturo Fernández

ZITUS NUM.:  69. Por Natalia Arechederra 21 Noviembre 2011 Publicado en Protagonistas

Obra de teatro que interpreta, obra de éxito. Así se podría definir la trayectoria profesional del actor Arturo Fernández, de 82 años, y esa es la realidad que está viviendo en el Teatro Amaya de Madrid, con la obra “Los hombres NO mienten” que él mismo dirige y protagoniza, junto a los también actores Sonia Castelo y Carlos Manuel Díaz.

Repasamos la vida del galán por excelencia del mundo de la escena justo cuando cumple 55 años de profesión.

 

Toda una dilatada carrera en la que ha sabido ganarse el cariño del público gracias a su profesionalidad, su simpatía, su elegancia a la hora de hacer cualquier papel, pero sobre todo gracias a su personalidad y a mantener la misma ilusión e inquietud que aquel chaval de veinte años que se vino a Madrid para ser actor y que hizo su primera colaboración en la película “La señora de Fátima”.

“Soy el mismo chaval pero con más años. Para lo bueno, tengo más serenidad, las metas y las ideas más claras, más estabilidad y más trajes, por ejemplo”- comenta entre bromas-, “ para lo malo, con más escepticismo, más arrugas y menos pelo”.

• ¿Qué recuerdos guarda de su infancia y su juventud?
• “Con el paso de los años la memoria de larga distancia se vuelve más nítida y los recuerdos se embellecen. Recuerdo aquella etapa con nostalgia, nostalgia de un tiempo en el que a pesar de las privaciones, tenías la alegría, la despreocupación propia de la infancia y de la adolescencia. Tengo el recuerdo de haber sido muy feliz aquellos años en mi querida ciudad de Gijón”.

• ¿Qué papel jugo su madre en su vida?
• “Definitivo. Creo que la figura materna es siempre primordial pero en mi caso hay que tener en cuenta que viví sin mi padre desde los 8 años hasta más de los 25. Con su imagen y su ejemplo muy presente pero a través de mi madre. Ella me inculcó todo lo que después me ha convertido en un hombre, creo que fundamentalmente bueno, y desde luego responsable y amante de los suyos y de sus raíces”.

• ¿Cómo se definiría? ¿Cuál cree que es su mejor virtud y su peor defecto?
• “Creo que soy, fundamentalmente, buena persona con todo lo que ello implica. Sé que soy impaciente, que tengo bastante genio… ¡y que no me gusta hablar de mis defectos y me encanta que otros me adjudiquen virtudes!”, afirma con el humor que le caracteriza.

• ¿Qué siente cuando se mira al espejo?
• “Procuro llevarme lo mejor posible con él para que me devuelva una buena imagen de mi mismo. Siento que el paso del tiempo, imparable desde luego, está siendo bastante benévolo conmigo, y también siento que me puedo mirar a los ojos y sentirme orgulloso y satisfecho del camino recorrido y de la forma de recorrerlo. Siento en definitiva que soy un hombre afortunado”.

Arturo Fernández• Es curioso que haciendo siempre de galán, pero sinvergüenza, lleva toda una vida con su mujer Carmen Quesada. ¿Qué le ha aportado ella a su vida, y qué le ha aportado usted?
• “Carmen es una maravillosa compañera de vida y mi espejo más leal. Siempre digo que me ha hecho más “habitable”. Yo creo que le he aportado lo mejor de mí”.

• ¿Qué se considera mejor padre o mejor abuelo?
• “Es más fácil ser mejor abuelo porque no se tiene la responsabilidad de educar, de poner límites. Aunque yo he tenido la inmensa fortuna de que mis tres hijos me han puesto muy fácil ser buen padre”.

• ¿Y cuál es secreto de su eterna juventud y su impecable elegancia?
• “Ante todo le agradezco su generosa afirmación. No hay secreto alguno. Soy consciente de que me conservo bastante bien pero se lo debo a la herencia genética de mis padres y a que mi vida ha sido siempre bastante sana, sin excesos de ningún tipo. Además pertenezco a una generación que hacía de un buen traje un auténtico culto”.
 
• ¿Qué le queda por conseguir? ¿Tiene alguna espinita clavada de algo que no ha logrado tanto profesional como personalmente?
• “Afortunadamente sigo teniendo metas, proyectos e ilusiones pero no tengo espinitas. Mi admirado Paco Umbral escribió una vez uno de los elogios que he recibido con más placer: “se ha parado donde ha querido”. Es el privilegio de la independencia y de haber sido tu propio empresario durante cincuenta años”.

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