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Cartas a la Directora. Enero 2011

ZITUS NUM.:  60 08 Enero 2011 Publicado en Cartas a la Directora

JUGANDO A LA RULETA RUSA

Hace unos meses, escribí una carta que, en un tono irónico, denunciaba la mala situación del edificio donde vivo, en SANCHINARRO. Hoy, quizás abusando de la generosidad de la directora y tal vez de la paciencia de los lectores, vuelvo sobre el mismo tema porque los defectos de esta casa suponen riesgo para las personas y mi responsabilidad de no pasar por alto la amenaza me lleva a manifestarlo.

 

Desde el año 2006 no hemos hecho más que empeorar, principalmente, porque en la comunidad de propietarios ha habido intereses opuestos al que debería ser el interés general. ¿Por qué? Imposible saberlo a ciencia cierta. Vecinos relacionados con la constructora, desencuentros personales con quienes reclaman las reparaciones, actitud de “si fuese grave alguien lo habría arreglado ya”, “meternos ahora en el gasto de repararlo”… Y me viene a la memoria el reciente fallecimiento de una chica de 30 años, en Bilbao, por caerle un trozo de cornisa de un edificio nuevo.
Lo que sí ha prosperado es la idea de demandar a la constructora, aunque tarde, pero, incomprensiblemente, no la de arreglar lo dañado. Bueno, por ser justos, en 2007, instados por ayuntamiento y bomberos, hubo que reparar una de las partes defectuosas pero, desafortunadamente, tres “quijotes iluminados” decidieron taladrar todas las piedras de pizarra, saltándose la imprescindible aprobación de los vecinos e ignorando, incluso, la oposición manifiesta de alguno de ellos. Algo que empeoró la situación. 

Y mientras, los que pasamos por ahí jugamos a la ruleta rusa, a veces con conocimiento de causa, pero la mayoría sin saberlo. Si pasas veras apuntaladas dos zonas del falso techo, pero las losas del mismo están descolgadas sin apoyo, se ha abombado la piedra beige de la fachada y la precariedad de la sujeción de las losas de pizarra es patente. Ahora bien, lo que no verá es ninguna señalización de peligro.

Hay presentada una demanda, pero una reclamación judicial, especialmente por sus plazos, no soluciona a tiempo el problema físico. Así que, ¡Cuidado, queridos vecinos! ¡Cuidado con la que se nos puede caer encima! Y esto va, en su doble sentido, como advertencia a los que puedan pasar cerca, pero, también, como advertencia a los irresponsables que han impedido, hasta ahora, la reparación y que, intrigando y ocultando información al resto de propietarios, siguen entorpeciendo que se tome la decisión correcta.

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